Miriam Beizana Vigo nos presenta:

Todas las horas mueren

Todas las horas mueren

¿En qué te inspiraste para desarrollar la historia?

Escribo sobre algo que necesito contar para liberarme de ello. Así nació mi primera novela, “Marafariña”, y así ha sucedido con mi segundo trabajo. “Todas las horas mueren” nace de mi miedo (pero apasionado sentimiento) que me produce ser consciente del paso del tiempo, de la finitud de la vida y de que el pasado es tan sólo un algo que podemos contemplar, pero de ningún modo podemos modificar.

¿Por qué les gusta tu libro a tus lectores?

Según lo que puedo conocer por sus mensajes y sus comentarios, “Todas las horas mueren” es una novela ágil de leer, cargada de poesía y de vida. Explota el género intimista con tintes ensayísticos, que no es demasiado habitual en la autopublicación. Es algo más que una historia, es un regalo, un pensamiento, una filosofía.

¿Que querías transmitir? ¿Invita a reflexionar sobre algún área de la vida?

No sabría escribir de otro modo que no fuera desde la autorreflexión. Como he mencionado, es un canto al paso del tiempo, pero también a nuestra memoria, a la soledad, al miedo, a la superación y al amor que no debe olvidarse. También es un libro sobre escribir, sobre el arte de crear, sobre intentar ser alguien.

¿Para qué tipo de lectores está escrito, y por qué pensaste en ese tipo de público?

Tal vez mi primer trabajo estaba más enfocado a un público lector puro y duro, pero “Todas las horas mueren” puede estar enfocado a un amplio número de lectores de diferentes géneros, edades y lugares. Es una novela escrita para todas aquellas personas que han sufrido alguna vez, o que sufrirán. Para personas jóvenes y ancianas. Para escritores, para los que aspiran a serlo o los que nunca lo serán. Para todos los que quieran olvidar que las horas mueren.

Dinos un personaje del libro con el que te sientas identificado y por qué.

Me siento muy identificada con las dos protagonistas, Olivia y Dorotea, pero desde diferente enfoque. Olivia es una anciana en el ocaso de su vida, con el amargo regusto de no haber conocido la felicidad. Dorotea es joven, pero siente que no tiene fuerzas: ella tampoco ha sido feliz jamás. Creo que cualquiera de nosotros puede verse reflejado en ese espíritu tan derrotista como valiente.

¿Cuánto tiempo tardarte en escribirlo y publicarlo?

Tardé en escribir “Todas las horas mueren” un año, pero trabajé en él uno más. Estuvo guardado en el cajón durante varios meses hasta que llegó su momento. Es un libro que me despierta sentimientos difíciles de expresar.

¿Compartes con nosotros alguna anécdota relacionada con tu libro?

¡No sé si puede considerarse como anécdota! Siempre he considerado que “Todas las horas mueren” sería una obra menor que “Marafariña”. Pero, para mi sorpresa, la mayor parte de los lectores que ya la han disfrutado, coinciden en que, en la mayoría de sus aspectos, es muy superior. Está claro que los creadores no somos los mejores jueces de nuestro trabajo.

¿Qué ha supuesto para ti escribir este libro?

​Ha sido superar un bache, superar la idea del primer libro y demostrarme que puedo trabajar en algo completamente diferente… ¡Y qué siga gustando! También me ha hecho perderle miedo al tiempo, ahora formo parte de todas esas horas que, en realidad no mueren, sino que permanecen ahí.

SINOPSIS


Todas las horas mueren

El Café de Fontiña se ha convertido en el alma de una villa. Allí, las horas parecen eternizarse. Las tazas están siempre a rebosar, las estanterías plagadas de libros y en la barra lucen siempre unas flores vivas y frescas.

Tras dos décadas, la anciana dueña, Olivia Ochoa, no encuentra motivos suficientes para levantarse y seguir manteniendo la esencia de su Café. Las horas pasadas, como almas perdidas, regresan a su presente y le anuncian que su final no tardará demasiado.

Pero todavía no.

Porque Dorotea llamará a su puerta, como lo hizo Laura, como lo hacen los fantasmas. Y el tic-tac de la escritora deberá seguir sonando, porque sus horas no están resueltas a terminarse.

"Cucarachas. Cucarachas"

Fragmento de Todas las horas mueren
Algunos creían que estaba vacía, que lo había perdido todo, que ya no le quedaba nada. O que lo poco que le quedaba se pudría lentamente. Vagabundeaba, solo era eso, una vagabunda más en un lugar al que amaba pero en el que ya no podía ser feliz, porque la felicidad le había dado la espalda a la humanidad. Mas no estaba vacía, no. Olivia Ochoa podía ser muchas cosas, pero no era una mujer vacía. “Ojalá estuviera vacía”, anhelaba. Porque el vacío no conocía el dolor, ni los recuerdos, ni la nostalgia, ni el temor. El vacío era la deliciosa paz extrema, la deliciosa manera de perderse rodeada de la nada, oscura, o blanca, o ambas cosas. Era indiferente. Realmente, el vacío no tenía forma, ni color, ni nada. No tenía nada.

Miriam Beizana Trabajobbie

Un saludo de la autora a los lectores

Gracias por hacer que esta pequeña gallega sea, de vez en cuando, escritora. Gracias por querer y cuidar con tanta dedicación mis historias. Espero devolveros con mis letras, solo una pequeña parte, de lo que vosotros me regaláis.

¡Olvidad que todas las horas mueren!

PUNTOS DE VENTA


Todas las horas mueren

Número de páginas: 154

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